Relatos cortos  26 nov 2018 Madrid

Cuento sin título


En las noches estrelladas de Madrid ya nadie tiene tiempo de ver las estrellas. La gente llena las calles en sus coches, luchando por llegar a los grandes centros comerciales. Las luces de colores que alumbran las calles de Madrid, los edificios que observan desde las alturas las calles de negro asfalto mientras los coches que danzan sobre ellas al ritmo de sus sonoros bocinazos deslumbran de tal modo que las lejanas estrellas apenas consiguen ya hacerse ver. Las gentes ya no tenían tiempo para ellas. Estaban demasiado ocupadas mirando sus teléfonos móviles, gastando sus pagas extras, comprando los mimos regalos de Navidad que el año anterior o el anterior o el anterior. La Navidad era ya solo uno de los muchos eventos consumistas del año, y ya ningún significado quedaba en ella como para que un nuevo Charles Dickens se levantara y escribiera hermosos cuentos sobre ella.

¿Qué podían hacer aquellas pobres estrellas para que la gente volviera a levantar su vista del suelo y ver más allá? ¿Cómo hacerles recordar que la vida no era solo comprar y gastar? ¿Cómo reclamar aquel papel protagonista que tuvieron 2 milenios atrás cuando guiaron a unos magos por el desierto camino a Belén de Judá? ¿Acaso ya nadie se acordaría de ellas? ¿Habrían perdido las gentes la facultad de soñar?

Y en medio de aquella ciudad de gigantes edificios, de multitudes apelotonadas, de grandes carteles de neón anunciando la última novedad y de pantallas gigantes para ver exuberantes modelitos de ropa interior de seda y encaje, un grupo de niñas caminan sin rumbo fijo. No parecen observar aquella decoración. No pueden captar el efecto deslumbrante de las tiendas de ocasión. Sus ojos están fijos en algo ya viejo y olvidado. En la calle, criando polvo, un viejo tío vivo luce todo desastrado. De haber habido adultos, habrían pasado de largo, diciendo que aquello estaba muy abandonado. Otros hubieran visto solo una gran tuina, ellas aún veían la magia que aquel lugar todavía tenía.

Y como la curiosidad es en los niños cosa innata, se acercaron a ver si podían hacerlo funcionar. ¡Era tan viejo que solo monedas de 20 duros admitía ¿De dónde conseguir monedas antiguas, en los tiempos en los que todo se pagaba con VISA? Pero ellas no se rendían, y una de su bolsillo sacó un pequeño botón y probó a meterlo por la rendija. ¡Cuán sorprendidas quedaron al ver como todo es encendía

Cada una subió a un caballo, el uno blanco, el otro azul, otro negro, y uno marrón. ¿Incluso había uno morado y otro tirando a rosado Y como ellas adivinaron, aquel tío vivo estaba encantado, pues los caballos de su soporte se soltaron y hasta las estrellas las llevaron. ¡Como lo pasaron, tanto las niñas como las propias estrellas ¡Estuvieron toda la noche jugando, cantando y bailando

Pero para bien o para mal, todo tiene un final. Los caballitos llevaron a las niñas de vuelta a su hogar y todo quedó como si nada hubiera pasado. Hay quien dijo que nada de esto paso, y que todo fue mi pura invención. Que esas niñas no eran tales, pues ya los 40 pasaban. Pero quizás quien tal diga olvidó, que sigue habiendo un niño en nuestro interior. Quizás si prestáramos más atención, seríamos capaces de volver a oír su voz.



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Momia IV Muy chulo
26/11/2018
Maléfica Mola!
26/11/2018
Kiko Muy bueno Isaac
21/08/2020
Raul WOW! Los pelos de punta. Qué viaje más bonito acabo de hacer a las estrellas :)
21/08/2020
Gema Precioso y real
21/08/2020
EstelaR Que bonito! me ha encantado
21/08/2020
Ana Gracias por compartirlo 😊
21/10/2020
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