Escritores Madrid  05 ene 2023

PALABRAS A FLOR DE PIEL (un lugar donde escribir)

Si te divierte contar historias, hablar de cualquier tema o si lo tuyo es la poesía...lánzate y escribe. Hay un montón de lectores que están deseando conocerte a través de tus relatos y disfrutarán leyéndote.

La forma de participar es la siguiente:

-Se trata de iniciar cada nuevo post con la frase del post anterior.

-Ningún autor podrá continuar su propio relato,debiendo esperar a publicar su nuevo texto a que alguien lo continúe.

‐Cualquier contenido que sea soez o falte al respeto será borrado.





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susana

No todas nos casamos con idiotas. Era evidente que Nico no lo era.

Nico era un bello ejemplar de triunfador, intuitivo , ambicioso y audaz controlaba las situaciones de tal manera, que era capaz de vender una nevera a un esquimal, sin el más mínimo esfuerzo. Siendo relativamente joven se consagró como un empresario de éxito; no obstante la máxima ambición de Nicolás Sorda –ese es su nombre y la firma con que rubrica sus cuadros– era conseguir un lugar relevante entre la nueva generación de pintores y, a pesar que sus obras habían conseguido poco más que una tenue felicitación por parte de sus incondicionales, ahora esperaba darse a conocer públicamente participando en una exposición colectiva en una galería de moda.

Nico tenía dos niños pequeños, que cuidaba Sara, su mujer, que era yo. Tenía también un serio problema con la gestión de su tiempo, que sólo dedicaba a los asuntos que interesaban, tema que era el contenido fundamental de las discusiones que manteníamos Nico y yo, un día sí y otro también.

La bronca que tuvimos en el estudio, tres días antes del traslado de los cuadros a la galería para ser expuestos, fue espectacular. Harta, como estaba de pasarme sola todo el dia, sin entender que pretendía Nico conseguir con esas telas pintadas, que eran una birria, y en medio del fragor de la batalla, arrojé los primeros botes de acrílico que encontré a mano –uno rojo brillante que mancho la tela de arriba a abajo, otro azul que desvío él de un manotazo hacia la esquina del cuadro, y el amarillo, más pequeño, que atinó de pleno– en su obra fetiche que él había titulado Copulando con una virgen exigente.

Y la cosa quedó ahí, porqué como tenía que cumplir con su compromiso, todos los cuadros se expusieron tal cual estaban en la galería; las críticas fueron unánimes, el lienzo cubierto de rojo, amarillo y de una pizca de azul resultó impactante por su realismo dramático, salvaje e impulsivo.

A partir de entonces Nico procuró que las negociaciones del divorcio se realizarán en el estudio, y así consiguió unos cuantos cuadros espectaculares más, fruto de algunas discusiones de intensidad elevada. Después su carrera artística cayó rápidamente en el olvido.

Huyendo de la sofisticación, me mudé a Granada, abrí una librería junto a Puerta Elvira – a la que llamé Sostiene Pereira–, y empecé a escribir relatos, a la espera que Antoine Doinel entrará a comprar un libro.


05/01/2023
Leonor

Un libro depositado intencionadamente en un banco -Carta de una desconocida, escrito por Stefan Zweig- situado en una zona poco transitada, próxima al palacio de cristal del Retiro, fue el responsable de mi decisión.

Unos meses antes, mientras paseaba bordeando el lago, me llamó la atención un hombre se aspecto impenetrable, que sentado en un banco leía abstraído un libro que yo conocía; el titulo era El quinto hijo y la autora Doris Lessing.. La imagen del hombre, de manera inexplicable, se instaló en mi imaginación como un asombro aún sin asumir.

Me aficioné a pasear por el lugar donde le vi por primera vez, y mientras imaginaba que descubriría debajo de esa envoltura que me había resultado tan sugerente, escudriñaba el rostro de la gente sentada en los bancos, sin conseguir dar con él.

Una tarde de otoño, ya casi próxima la hora de cerrar el parque lo volví a ver. Estaba cerrando el libro que acababa de terminar de leer; antes de levantarse, lo dejo cuidadosamente sobre el banco, se quito las gafas, se levantó y se fue. Le seguí, sin disimulo alguno, hasta la puerta que da a la calle Alfonso XII, donde paró un taxi y le volví a perder.

Me jure a mi misma que eso no me volvería a ocurrir. Unos días después, cuando los tonos rosados y violetas que se filtraban entre las copas de los arboles del Retiro, anunciaban la caída de la tarde, le volví a ver. El hombre, siguiendo su ritual, desamparaba su libro aún caliente sobre la madera del banco. Entonces corrí tras él -con el libro abandonado en la mano-,hasta alcanzarle.

- Te has olvidado tu libro -le dije, mirándole a los ojos con la confianza de quien no se cuestiona nada.

Entonces, el hombre me miró, y en sus ojos estaban dibujados todos los finales.


 




18/01/2023
susana

En sus ojos estaban reflejados todos los finales y, por eso, tenían el color de las despedidas, que, aunque no fueran siempre amargas –e, incluso, no siempre definitivas– eran invariablemente prematuras.

Su boca, como la novela de José Saramago, contenía “todos los nombres” a los que luego su corazón dotaba de personalidad y vida. Después, con las manos –acostumbradas a encontrar la dulzura en la piel de las palabras–, creaba historias que eran, para sus lectores, alimento para el corazón y regocijo para el espíritu. Incluso, se cuenta que una vez –parafraseando a Concha Piquer- se oyó decir a un ferviente admirador de este escritor @que se me paren los pulsos si te dejo de leé”.

y yo, mujer de trazos indefinidos, anhelo la posibilidad de existir , al menos, un instante en su raro y complejo universo creativo.

25/01/2023
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