Amistad  22 abr 2021 Madrid

Sobre el deseo y su ausencia...


Llamemos al deseo "querer". Pensemos un poco en eso... Yo quiero, tú quieres, él quiere, todos queremos...

Nuestra vida entonces está llena de pequeños y múltiples deseos... Sólo a lo largo del día, con todos sus minutos, "queremos" todo el tiempo, constantemente, consciente o inconscientemente, de forma automática o meditada.

Queremos comer, descansar, ser felices. Queremos charlar o ser escuchados. Queremos olvidar o recordar, relajarnos, sentir, pensar o no pensar. Queremos dormir, desconectar, entretenernos, soñar, volar... Queremos tantas cosas a la vez, de forma simultánea, rápida, precisa.

Llamemos a la ausencia de deseo "aceptar".

Si sacamos ambas frases fuera de contexto, podría pensarse que "deseo" y "ausencia de deseo" son dos cosas totalmente contrarias, que se oponen la una a la otra, que sería impensable que ambas pudieran convivir en armonía. Se diría entonces que si el deseo es "querer", la ausencia del deseo es "no querer". Y empezaría aquí, la enorme retahíla de todo aquello que no queremos...

Resulta que hemos sido engañados todo el tiempo, porque la ausencia de deseo no es ni mucho menos "no querer". La ausencia de deseo es "aceptar".

Y a partir de aquí es donde todo cambia, porque entonces, aunque parezca increíble, ambos conceptos pueden convivir en perfecta armonía. De hecho, no puede ser lo uno sin lo otro, ambos se necesitan y complementan. En resumen, "deseo" y "ausencia de deseo" son partes esenciales del mismo proceso: conseguir aquello que queremos.

Desde esta nueva perspectiva el deseo "querer" se convierte en el principio, en esa sensación que te impulsa a empezar a andar y dar ese pequeño primer paso hacia lo que quieres. Cuando pensamos: yo deseo, yo quiero... [lo que sea] y entonces decidimos, cuando eso está claro nos hemos puesto en marcha...

El camino se ha iniciado, el proceso ha empezado. Vamos hacia lo que queremos con paso firme, sin vacilar, sin perder de vista aquello que queremos... Si solo nos anclamos al deseo, al encontrar obstáculos, encontraremos también la frustración, el dolor, el sufrimiento... Y con todo ello, unas inmensas ganas de abandonar... Pero si permitimos a la "ausencia de deseo" obrar sus milagros, formar parte de nuestra búsqueda en el momento justo, si sencillamente "aceptamos", podremos entonces disfrutar de cada paso andado.

Con la aceptación, mirando al objetivo, no hay expectativas, ni frustración, no hay dolor ni resentimiento, sólo camino andado hacia aquello que un día nació en nuestro interior como un deseo que nos puso en marcha...



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