Relatos cortos  05 dic 2020 Madrid

La competición evolutiva entre la abeja, la mariposa y la mosca


Comenzó hace billones de años cuando las tres eran un punto indiferenciado entre la vida y la muerte. Ahí eligieron el mismo camino que las apartó de ser cualquier animal inexistente que acabara haciendo de pata de mesa, de granito de arena o de fluido de voz.

Las tres llegaron a ser un bicho sin apenas darse cuenta de su pubertad de existencia, de su desesperada huida de toda esa muerte previa al nacimiento con la única esperanza de salvación de inventar una muerte menor, una muerte posterior más inofensiva. Todo ello con la inestimable compañía de un ser humano pequeñito que hacía planes para no ser insecto.


Su pacto mortal con la vida compartido con el resto de seres que en la tierra habitaban les vició en la necesidad de huir del juego de asesinatos en cadena por el móvil de la supervivencia que en el suelo se desencadenó.


Y volaron las tres, abeja, mariposa y mosca. Misma decisión otra vez y extendieron sus alas para huir a un cielo sin tanta muerte donde vivir en paz. Pero allí donde llegaba el vivir, tarde o temprano, llegaba el morir y también el matar. Y la abeja vibró al dolor de ser abeja y vengó la crueldad del olor de las rosas y el sabor de la miel con su aguijón envenenado que le daba poder. Nadie saciaría impune el hambre en su colmena. Y se inmoló un millón de veces para ganarse el prestigio del guerrero y hacer temblar con el eléctrico sonido de alarma de la presencia de su diminuto cuerpo en el batir de sus alas al más grande de los seres


La mariposa, de esencia débil e indefensa, creó un mundo de dulzura y admiración y extendió las alas más bellas que ningún calidoscópico ojo de insecto haya visto jamás.
Gestó en la belleza de su encanto el amor del mundo y encumbró la compasión entre seres a la categoría de horror. Creó un mito de hermosura y vivió de la envidia de los otros y del sueño de perfección de la sensibilidad de los demás animales que la dejaron vivir para poder seguir contemplando su armonioso vuelo de fraternidad total y orgasmo visual definitivo.
La mosca comprendió el sinsabor de la vida, no sintió ni odio ni amor, ni compasión ni venganza.

Tiñó de luto su alma y no quiso ni ser bella ni ser fuerte. Vio que la vida no valía la pena y quiso vivir rápido y morir joven. Pero estaba condenada porque tantas veces como moriría nacería por un nosequé con su esencia de mosca. Vio que aquello olía mal y se deleitó con el calor de la m i e r d a y el aroma a basura. Hurgó en las heridas del resto de seres y decidió molestar para compensar su amargura.


Y se sintió feliz viendo la desesperación de los demás animales en su incesante vuelo raso de la venganza de su miseria y sabiendo que si alcanzaban a aplastarla volvería multiplicada por cien.
Era fea, débil, pesada, estúpida, le gustaban los excrementos, la basura y todos los demás seres la despreciaban. Y así es como la mosca conquistó continentes, ganó la competición evolutiva a la abeja y a la mariposa y dominó el mundo.



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